EL JARDÍN

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El Jardín Infantil Waldorf Sophia es un lugar pensado para acompañar el desarrollo de niños en sus primeros siete años de vida, teniendo en cuenta los ideales de la pedagogía Waldorf, basada en una comprensión profunda del desarrollo del ser humano, aplicable al mundo de hoy, en nuestro contexto cultural. En Jardín Waldorf Sophia hemos incorporado también,  aspectos del sistema de Emi Pikler, como la libertad de movimiento. (Esto significa la posibilidad en las condiciones materiales adecuadas de descubrir, experimentar, perfeccionar y vivir, en cada fase de su desarrollo, sus posturas y movimientos).

A través de la constante observación de las vivencias que tienen los niños  de nuestra ciudad, Santiago de Chile, hoy, hemos constatado que hay  significativas carencias en relación a juego libre, al acercamiento a la naturaleza y al movimiento en espacios donde puedan experimentarse en  libertad. Para atender estas necesidades hemos diseñado un ritmo diario que nos permite llevar a cabo trabajos en la naturaleza, realizar gran parte de nuestras actividades al aire libre y caminatas. Todo esto contribuirá directamente en una buena salud, tanto en su aspecto físico, como anímico-espiritual. Este ritmo diario contribuye a que el niño tenga una saludable relación con la alimentación y el sueño.

Creemos que la familia es el mejor lugar para el cuidado de los niños, sin embargo, debido a la creciente necesidad que tienen las madres de salir al mundo hemos decidido abrir este espacio también para niños y niñas pequeños.

Nuestra misión es cobijar, proteger la niñez e impulsar una educación waldorf que estimule el desarrollo de cada niño y niña que ingresa a nuestro jardín, como fundamento para la renovación de la cultura humana. Todo esto en un ambiente cuidado, donde se propicia el derecho al juego libre, el respeto por  la naturaleza, el cultivo de los sentidos y los ritmos apropiados en la infancia. Para ello, la educación que ofrecemos está diseñada para nutrir las capacidades particulares que surgen en cada etapa del desarrollo del niño. 

NOSOTRAS

Nuestro equipo está conformado por las fundadoras: María Elena Godoy, Anita Isla y María Eugenia Rozas.

Nos acompañan, Javiera Cucurella, Daniela Spanghero, María Jesús Bravo, Norma Abello, Anne Marie Becker, Maria Ignacia Infante, Francisca Agurto  y  Josefa Campos  como educadoras y, Gabriela Gutiérrez como terapeuta. Un grupo de profesoras Waldorf con la gran tarea de acoger a los niños con amor y respeto desde sus primeros años de vida, bajo los principios de la pedagogía Waldorf, inspirados por la Antroposofía.

Todas las maestras en Jardín Waldorf Sophia se han formado en la pedagogía Waldorf, sin embargo mantenemos un trabajo de formación continua. Por lo que, una tarde a la semana nos dedicamos al estudio como equipo y cada maestra trabaja activamente en su autoeducación y transformación. Esto, con el propósito de mantenernos al día en las áreas académicas y sostener nuestro conocimiento del desarrollo humano. El mantenernos informadas y activas en el mundo, son esenciales para el desarrollo de este modelo pedagógico y permite que la misión de Jardín Waldorf Sophia y sus objetivos, puedan cumplirse.

LOS NIÑOS

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Los niños del primer septenio están totalmente entregados a su entorno físico, medio en el cual también se encuentran sus padres y sus maestros; reciben el mundo sin filtro a través de sus sentidos y responden con la forma más activa de conocimiento: La Imitación.

La imitación es la fuerza que les permite identificarse con el entorno inmediato a través de la voluntad activa.

Quienes se ocupan de un niño pequeño tienen la responsabilidad de crear un entorno que sea digno de imitación, ya que el niño imita sin discriminar. El entorno, pues, debe ofrecer al pequeño abundantes elementos positivos para ser imitados y oportunidades para el juego creativo.

Para esto, en Jardín Sophia, a través de un ritmo diario muy definido, los niños ven a sus maestras desarrollar trabajos llenos de sentido: Trabajo en el huerto y en el compost, cocinar, cardar, martillar, reciclar. A través de canciones y poesías aprenden a disfrutar del idioma; aprenden a jugar juntos; escuchan cuentos, ven teatros de mesa, construyen casas con separadores, cajas, telas y maderas, ayudan en la preparación y celebración de las festividades anuales. Entregarse plenamente a tales actividades es la mejor preparación para la vida; contribuye a desarrollar la capacidad de concentración, de interés, gratitud y un duradero amor por el aprendizaje.

Esto lo sustenta, en la actividad central de sus primeros años: el desarrollo de su organismo físico. El desviar las energías del niño de esta tarea fundamental, para satisfacer prematuras demandas intelectuales lo priva de la salud y la vitalidad que necesitará para su vida futura. Al empujarlo hacia la actividad intelectual en esta edad, se termina, a la larga, debilitando precisamente las capacidades de juicio y de inteligencia práctica que se busca desarrollar.