LOS NIÑOS

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Los niños del primer septenio están totalmente entregados a su entorno físico, medio en el cual también se encuentran sus padres y sus maestros; reciben el mundo sin filtro a través de sus sentidos y responden con la forma más activa de conocimiento: La Imitación.

La imitación es la fuerza que les permite identificarse con el entorno inmediato a través de la voluntad activa.

Quienes se ocupan de un niño pequeño tienen la responsabilidad de crear un entorno que sea digno de imitación, ya que el niño imita sin discriminar. El entorno, pues, debe ofrecer al pequeño abundantes elementos positivos para ser imitados y oportunidades para el juego creativo.

Para esto, en Jardín Sophia, a través de un ritmo diario muy definido, los niños ven a sus maestras desarrollar trabajos llenos de sentido: Trabajo en el huerto y en el compost, cocinar, cardar, martillar, reciclar. A través de canciones y poesías aprenden a disfrutar del idioma; aprenden a jugar juntos; escuchan cuentos, ven teatros de mesa, construyen casas con separadores, cajas, telas y maderas, ayudan en la preparación y celebración de las festividades anuales. Entregarse plenamente a tales actividades es la mejor preparación para la vida; contribuye a desarrollar la capacidad de concentración, de interés, gratitud y un duradero amor por el aprendizaje.

Esto lo sustenta, en la actividad central de sus primeros años: el desarrollo de su organismo físico. El desviar las energías del niño de esta tarea fundamental, para satisfacer prematuras demandas intelectuales lo priva de la salud y la vitalidad que necesitará para su vida futura. Al empujarlo hacia la actividad intelectual en esta edad, se termina, a la larga, debilitando precisamente las capacidades de juicio y de inteligencia práctica que se busca desarrollar.